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Sábado Sep 04

La unión hace la fuerza

Lic. Gema Torres de Balderas

Lic. Arturo Balderas

Mayo 2010

El éxito, el desarrollo personal, el amor y su principal fruto, la felicidad, no son resultado de esfuerzos encaminados solamente para el propio beneficio; son el  resultado de desarrollar las propias capacidades y talentos con el fin de amar y  servir a los demás.

Una persona madura y por tanto, feliz, es aquella que se ha dedicado a desarrollar su riqueza interior, no para obtener bienes y beneficios exclusivamente personales, sino para usarlos y ejercerlos para el bien de los demás, para el crecimiento y maduración de aquellos con quienes vive.

La persona madura es aquella que busca contribuir al bien del grupo, sea éste el matrimonio, la familia, el trabajo o los amigos. Y al realizar esa contribución, desarrolla sus propios recursos y se enriquece aún más. Esta aportación de su propia riqueza la realiza en forma voluntaria y dedicada.

Más que utilizar el “yo”, utiliza el nosotros; se siente y trabaja como parte de un grupo, de un equipo; el éxito o fracaso del grupo es su propio éxito o fracaso.

Y finalmente, no se considera a sí misma como superior a los demás, sino como alguien diferente que enriquece los esfuerzos de los demás

No hay éxito individual cuando se trabaja en grupo. Ganamos todos o perdemos todos. Y para ganar, es necesario:

  • Estar dispuesto a cambiar las viejas formas de relación que no funcionan
  • Estar dispuesto a hacer esfuerzos largos, duros, competitivos hasta aprender y desarrollar la fuerza interior necesaria para mantener el esfuerzo
  • Buscar nuevas formas de relación, comunicación y negociación que beneficien a todos y no a uno solo.
  • Estar dispuesto a hacer el máximo esfuerzo personal para que el trabajo del grupo tenga éxito. Aprender a pensar no sólo en el “yo” sino también en el  “nosotros”
  • Cultivar todos los días las virtudes propias del espíritu de grupo: lealtad, solidaridad, reciprocidad, amistad.
  • Aprender a perdonar lo más pronto posible, para que las heridas normales que se producen en el trato cotidiano con los demás no se vuelvan viejas y dolorosas, afectando negativamente la relación.
  • Y, finalmente, aprender a mirar juntos siempre hacia adelante, pensando siempre en soluciones para mejorar todos.
 

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