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Sábado Sep 04

Recupera tu riqueza interior

Lic. Gema Torres de Balderas

Lic. Arturo Balderas

Mayo 2010

1. Dependencia y apego

El ser humano, al nacer se encuentra totalmente vulnerable e indefenso, lo cual lo convierte en una persona dependiente. Depende de los demás para sobrevivir en todos los sentidos. Posee todos los recursos y cualidades interiores que le permitirán sobrevivir; pero los posee en potencia, como capacidad que todavía no puede ejercer. Mientras sus recursos maduran, debe depender de los demás. Sin personas que atiendan y resuelvan sus necesidades, el pequeño no puede sobrevivir.

Resultado de la dependencia del pequeño y del cuidado y protección del adulto, nace el apego. El pequeño se pega, se apega, se adhiere al adulto para vivir de los recursos de éste. Su sobrevivencia depende de este apego. Si se despega podría morir.

Durante la infancia el apego es necesario y saludable: Necesario porque la salud y la vida del niño sólo son posibles mediante el apego a un adulto.

Saludable porque, si el  niño experimenta la confianza de sentirse seguro y protegido por adultos cariñosos y amorosos, tendrá la experiencia más básica de confianza y seguridad que le acompañarán a lo largo de toda su vida.

 

2. Apego y sentimiento de inseguridad

Cuando el niño vive sus primeros años en un ambiente disfuncional, amenazante, percibe el mundo como peligroso y se experimenta a sí mismo en peligro e indefenso. Como no puede protegerse a sí mismo, se apodera de él una profunda inseguridad. Está desprotegido, indefenso en un mundo que lo amenaza y que es mucho más poderoso que él.

Por el instinto de sobrevivencia sabe que necesita de alguien que lo cuide para sobrevivir. En este momento, como fruto de los sentimientos de inseguridad, desprotección, insuficiencia personal, se apega, se pega, se adhiere a los otros, buscando en ellos la protección que necesita.

A partir de ese momento, hará lo necesario para permanecer pegado, adherido, apegado al otro, de quien proviene su protección y seguridad. Si crece en este estado, buscando siempre la seguridad en el otro, empezará a vivir la vida escolar, la adolescencia y la vida adulta, pegado, colgado a los recursos de los demás. No podrá afrontar los retos de su propia vida y dependerá de las decisiones, gustos y deseos de los demás.

Se habrá convertido en una persona dependiente. Si llega a la vida adulta en este estado, lo que era saludable en la infancia (el apego), se convierte ahora en la causa de enormes sufrimientos.


3. Apego y dependencia en el adulto

El ser humano adulto, maduro es interiormente libre e independiente, y en su relación con los demás es saludablemente interdependiente. Este impulso hacia la independencia se manifiesta en todas las edades, desde la infancia hasta la vida adulta, con una intensidad creciente.

A medida que madura y crece, toda persona experimenta una necesidad de autonomía, de independencia cada vez mayor, que le permita bastarse a sí misma y caminar en la vida en base a sus propios recursos personales. Experimenta la necesidad de despegarse, de desapegarse, de dejar de depender, para bastarse a sí misma, para ser autosuficiente y plenamente responsable de su vida.

Si la persona está llena de miedos, temores, sentimiento de inferioridad, dudas  sobre su capacidad, puede renunciar a su necesidad de independencia y decidir mantenerse apegado a otro u otros, para seguir dependiendo de los recursos ajenos. En este caso, la persona nunca experimentará seguridad y vivirá profundamente insatisfecha, pues su necesidad esencial de libertad y autonomía estará siempre frustrada.

4. Desapego y autonomía

El único modo de crecer es desapegarse poco a poco y, de ese modo, paulatina, progresivamente ir desarrollando y ejerciendo en la práctica, las capacidades personales hasta convertirlas en habilidades y herramientas para afrontar y resolver los retos de la propia vida.

 

Para esto es necesario:

  • Afrontar y resolver los propios miedos y temores, pasados y presentes, desarrollando cada vez más valor para hacer cambios. Sanar las heridas del niño interior.
  • Reconocer las áreas de la vida en las que todavía estamos colgados de los recursos de los demás.
  • Identificar las propias necesidades de dependencia y codependencia nocivas y trabajar en el interior para superarlas.
  • Aceptar pagar el precio emocional y social de la independencia y del desapego: incertidumbre, dudas, temores, miedos, que aparecerán mientras aprendemos.
  • Desarrollar la tolerancia a la frustración mediante la aceptación serena y voluntaria de los inconvenientes cotidianos que no podemos evitar.
  • Buscar en todo momento, hacer uso de las propias capacidades y recursos en lugar de pedir a los demás que lo hagan por nosotros. Pensar, hablar, decidir y actuar por nosotros mismos.
  • Tener siempre presente que la verdadera seguridad es la que nace del propio interior, la que se genera de funcionar en base a los propios recursos, la que surge de saber, por experiencia propia, que somos capaces de afrontar y resolver por nosotros mismos, los retos de nuestra vida
  • Tener la certeza de que el esfuerzo realizado, tendrá como recompensa una vida de satisfacción, alegría, confianza, seguridad y paz, que no se puede conseguir de ninguna otra manera.

 

Sólo así podremos amar y ser felices verdadera y profundamente.

 

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